La paradoja.



¿Cuántos segundos encierran las pesadillas y cuántas veces muero en ellos? ¿Cuántas gotas pueden absorber mis poros, antes de volverme una y escurrido fluir por las cañerías? ¿Cuántas canicas puedo meter en un saco de papas y cuánto tiempo aguantarían el azote del suelo? ¿Porqué tan absorto pienso en ello? Y ¿Porqué estúpidas preguntas como estas, recubiertas en innata y sutil violencia, son consideradas estúpidas en primer lugar?.
Tienen menos valor que la cacería del oro negro, el suicidio del dólar y una noche de sinuoso baile y meneos electrónicos marinados en éxtasis, mediocre irresoluta confusión, importados brevajes... Tienen menos trascendencia que el asesinato de algún corrupto congresista, en un convulsionado país y el derrumbe de millones de ladrillos, apilando ciego conformismo y la neurosis plástica de una guerra por fe. (some shit-Daniel Rojas)

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Con sincera convulsión, debo inmiscuirme en la preciosa lucha por una respuesta ¿Acaso ellas no me envuelven en terremotos cerebrales?, Acaso el fluir de su desgracia no acosa mi paz con colores oníricos y excita a la locura tanto como la incertidumbre de una hipócrita realidad, que relativa; a toda costa tratamos de concretizar aprendiéndola en lingüísticos y lógicos envases como: Bien y mal, normal y fenómeno, popular y relegado. Caracterizamos con simpleza y castración esos segundos, minutos y millones de horas que nos pertenecen tanto como la cuota de oxigeno mínima a la que podemos aspirar. Y claro, ambas lo hacen, ambas me destruyen y siempre se trata de la misma maldita razón. Ya sea en el desvarío de mis dudas o ante la irresoluta cadena de hechos que configuran el día a día en que transitamos impávidos... Todo se niega, reprime y sublima. En el choque de sus dimensiones, por miedo al miedo: La convencional y aceptada violencia declara la civilización, encauce y supresión colectiva de la violencia primal. Misma que individual dio origen a la anterior... Por paradoja entonces; me refiero a esa cárcel inherente con que moldeamos nuestros pensamientos y posteriores actos a la expectativa, a lo socialmente aceptado y aceptable. Para no estar solos, para no deleitarnos con el silencio de nuestras cabezas y la creatividad en potencia: "Nos lastima si la dejamos sumida en letargo". Preferimos ahogarnos en ruido, en compañía que tapa nuestra verdad oscura y demente. Sabiéndolo maldigo e increpo a esa estúpida paradoja que nos saca de lo que somos para arrastrarnos a un punto inexistente. Un punto que a su vez juzga el inicio, el propio punto del que surge; propiciándolo con mas fuerza y entereza en aquellos que simplemente no podemos huir de nuestras cabezas. De nosotros mismos...


Autor: Daniel Rojas.

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