Sábado, 8 Septiembre 2007

A quien le guste...


Esperamos tu comando, la voz asesina, no es difícil odiar la cultura, sentirse perdido en ella, en la ética bella y la castrante estética o es al revés o todas juntas, junto a otros conceptos degradantes de tu voz humana, que prefiere ser un simple ladrido o rebuznar, yo al menos se que quiero rebuznar e irme al barranco de las emociones radicales, pues antes de empezar a escribir este tipo de cosas y pensar otras más complejas, que no se como expresar o que al empezar a hacerlo se distorsionan de la peor manera, volviéndose la imagen burda de un camarógrafo ciego, descubro la desilusión, la masturbante melodía de mi propio ir y venir para vaciarme luego en el papel desintegrado sin gracia y gloria, sin final, sin paraíso, sin catarsis en último caso, y por tanto sin principio, sin referencia para juzgar (¿es necesario juzgar?). Si hubo en verdad un comienzo o la validez del que consideré como tal, ya no lo se y si no sabes por donde empezar, que es todo esto, una tribulación adolescente, arte de primera, romanticismo desbocado o formalismo manierista, ¿existe tal cosa?, bueno dentro del barroquismo puede darse lo que sea y en el peor de los casos, si es que hay tal caso y no todo forma parte del mismo peor caos, venderse a la estructura del elogio, a la arquitectura de la necesaria justificación, es el peor caótico principio del fin o final primero… Mierda, que puedo sacar en limpio, ya nada; todo luce cual cúmulo de opresoras bofetadas a mi lucidez y de pronto me traspongo a una trinchera desértica con rutas alternativas que conducen a un tren que no para y decae donde una vieja decrépita y sobre sus faldas y manoseos intimidantes, escucho su pasado de esplendor como vendedora de casas lujosas en las mejores zonas de occidente; mientras me sirve un té que sabe a negra sanguijuela y todo no es más que una pesadilla que se extiende a lo largo de mis labios y lengua apelmazada con piernas de hombres y mujeres que sudan sobre mi espalda y cadera después de una orgía universitaria. No voy a tomar más los fines de semana y tampoco creo que vuelva a ver a Hemingway con los mismos ojos, su relación con el hijo de puta de Fitzgerald y Zelda en sus primaveras parisienses me revelan el glamour de la generación perdida y no hay nada que deteste más que la elegancia y a un cochino marica que busca la aprobación del resto, mientras su esposa se revuelca con un aviador y el se deleita con su brandy y glorias del pasado centradas en una ficción del modelo de éxito americano… esa es mi conceptualización del hastío, el gran gatsby y el pequeño séquito de pequeñas grandes divas literarias, de genios padres culturales, babélicas mulas ideologizadas, idealizantes que rechazan un modelo para convertirse en la peste que querían limpiar con tenazas mentales y desilusión en forma de genialidad dando la espalda a la cultura reinante a la par que se vuelven dicha reinante cultura, la misma basura de la cual descienden a la que se apegan y atraen con singular fuerza, de la que nunca se despegan y de la cual reniegan siendo parte y de la cual son parte renegando, reniegan en cualquier oportunidad posible para sentirse especiales, se rebelan para ser y ser rebelde es lo mejor según dicen. Patrañas, seré entonces yo una patraña también, un renegado rebelde que reniega y se rebela en contra de esa tropa inmensa, me enferma sentirlo, siquiera considerarlo, sus sueños repletos de atrocidades complejas e inflexiones de grandilocuentes y rupturistas me quema, solo me quedan un par de tipos que respetar y la mayoría son reflejos de mi desidia en forma de poema con un ligero matiz kafkiano y de ruso dostoievski con algo de basura bukowskiana; pero creo que ahí termina todo; por que creo que el resto puede lamerme las bolas, vivos y muertos por igual y si deciden proferir lo mismo con respecto a mi ente viral, siéntanse libres de hacerlo con la única diferencia de que a mi no me importa lo que piensen así como tampoco afirmar: que el turnio Borges y manco Cervantes son unos bastardos prescindibles y que es fácil odiar a los poetas, sus simples dramas y gusto por atraer la atención, la lascivia de miles de ellos me revienta cuando gritan cual juego demente, su supremacía en un arrebatar de patas y manos desesperadas, es una logia inmensa de pequeñas almas, si es que tal cosa (el alma) existe; y la llamo cosa por que somos cosas en este universo de materia inútil con inútiles sentimientos y racionalidades de poetas dioses y un dios poético que inventó Huidobro alcoholizado.…

Esperamos tu comando, la voz asesina…



Autor: Daniel Rojas P

La vieja


Al caminar por oscuros pasadizos, de lo que podría pensarse es un túnel laberíntico,

Comienzo a sentir que cada paso resulta más confuso que el anterior y de pronto, con el pulso acelerado y la respiración entrecortada, procuro mirar atrás y volver raudo por donde se supone llegue, entonces recuerdo de golpe que no hay un momento preciso en el itinerario de mi vida, que marque el paso de otro sitio o habitación a este cámara. Por momentos ella resulta en extremo opresiva y húmeda para luego tornarse imponente e inasible a cualquiera de mis sentidos… olvido con facilidad el detalle de la transición, pese a no ser algo menor. Quizá es parte de la confusión y aún no me he dado cuenta de ello y aunque de improviso estoy consciente y preguntándome con una risa irónica que puedo imaginar; lo que no tiene tregua e ideario, es la forma deshilachada en que opera mi cerebro para justificar los ¿porqué? y ¿cómo? Entonces ocurren dos cosas o lo olvido y continúo avanzando o simple y llanamente me duermo y al despertar sigo caminando sin sentido pero como si fuese indispensable no parar hasta que la duda me asalte otra vez…

¿Como confiar en mi sensibilidad?, mucho tampoco puedo decir de la lógica y sus mecanismos. Aquí no operan más que para generar mayor frustración.

No me hallo cerca, de lo que mi cabeza puede considerar una salida y a lo que me refiero en términos más concretos por laberinto, es a una trampa infinita, casi como andar vagando de noche por el desierto y sin esperanza. De cualquier forma, se lo que parece esto, un estúpido y común símil de la mente o el estado de animo, la metáfora más barata que se pueda encontrar, un lugar lúgubre y descuidado, lleno de dolor e incomprensión, con ratas y cucarachas manando de cada rincón y en cada poro de mi piel, la penumbra que aumenta con el aliento frió de la niebla, bah que idiotez, falta que me ponga a monologar sobre la vida como una droga o haga la típica elegía acerca del mural de rostros enjuiciantes. Pero no, ya he pasado por eso, ya no tengo dieciséis y ese tipo de espectrales y sin duda cliché imágenes me resbalan…

Aunque no da lo mismo, nunca da lo mismo, siempre hay algo a lo que no te acostumbras, para mí… el silencio es inaudito. Lo cual no se si es por una condición intrínseca del sitio o quizá, sólo soy yo. El caso es que la regla se rompe y aparece lo peor que puedo traer a la memoria…

Lo hago con serias aprehensiones y a riesgo de arrepentirme, pues temo que al repetirlo en voz alta, fuerce su ocurrencia.

Es así que un susurro empieza a recorrer las galerías… esta pasando, no lo creo, no debí haberlo pensado, no debí siquiera pretender contarlo. Ahí esta, esta pasando, es ella, llego y sonríe como siempre… al comienzo parece inocente, ¿porqué lo hice?, ¿porqué creí que esta vez seria distinto?, soy un imbecil, su sonrisa es maliciosa, deforme no cabe en su rostro y sus ojos lucen desorbitados, amarillos como dos grandes faros que me impiden voltear, y ahora ese chirrido… ese metálico pitillo y luego la carcajada, es la vieja, la vieja viene, es la maldita bruja con su traje floreado, su moño gris aplastado con aceite y toma vuelo, esta feliz y desesperada, en su cara las dos luciérnagas bajo su frente estallan entre los pliegues interminables de la arrugada carne. Es la vieja con su sonrisa como la de un niño demente que no puede cerrar la boca, que no quiere hacerlo ya que todo es arrastrado hacia sus fauces de dientes desgastados… presurosa llega gritando, no lo soporto, esta cada vez más cerca, siento su vaho y no lo puedo esquivar, no puedo por que los músculos no responden, estoy condenado a ver como grita y gime mientras me mira profundamente, escrutando todo lo que veo y siento. Eso la complace ya que por mucho que sepa lo que va a ocurrir, no me queda más que tolerarlo, vivir la experiencia como la primera vez y así hasta el infinito ya que no puedo acostumbrarme al choque, a su piel contra la mía… no es un sueño, no, no lo es, quisiera creer que es sólo una pesadilla, que hay un giro sorpresivo e inesperado, que una vez que sus manos alzadas que mueven los dedos como gusanos hambrientos lleguen a mi rostro y empiecen a danzar impúdicos, todo terminará… rápido con un sencillo destellar de mi mirada hacia un nuevo día. Pero eso nunca pasa, la espera no termina, aquí no hay sol, aquí no hay despertar. No es un sueño. Este es mi hogar.


Autor: Daniel Rojas.
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