Viernes, 7 Septiembre 2007

Dostoievski y la conciencia amoral de una ficción.

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El mayor logro y elogio que puede recibir una obra literaria "es el trascender más allá de su medio" pero por tal, no nos referimos al tipo de trascendencia que se refleja en un exceso de inútil merchandising y la correspondiente adaptación cinematográfica. Aseverarlo, tampoco implica ir en contra del séptimo arte y la constante retroalimentación que dicha forma narrativa, sostiene con el mundo de las letras, ese no es el punto, la premisa atiende más que a los best sellers a una interdimensionalidad que se refleja en la vida misma. Tenemos claro que las obras, entendamos por esto novelas, dramas e incluso poesía, no son sólo productos de la mente o retorcida biografía del autor; es claro que, tanto el primer medio, el privado si queremos llamarlo de alguna forma y también el medio público, social o general, que sirvió de telón de fondo, son determinantes pero hay algo más, una realidad propia, una dimensión que responde a patrones de tiempo y espacio que son inmanentes a la creación; cuando ese fenómeno se da, cuando esa dimensión propia o mundo posible, es tan poderoso que entra a determinar al mundo real y las vidas de sus habitantes, estamos ante un clásico.

Entonces e ahí la pregunta del millón ¿Cuándo podemos a ciencia cierta saber que esa obra, cualquier obra, fue capaz de trascender ambos medios, el privado y ese dizque público o general?

Yo creo que no hay una formula, y que mucho menos, en caso de que exista un rasgo común, este este determinado por la popularidad y las ventas, más correcto es centrarnos en la calidad de la historia y sus personajes. El momento en que estos se vuelven jueces críticos e inteligentes observadores y ya no sólo un mecanismo para expresar la voz del autor. O sea, cuando estos pasan a tener conciencia y voz propia, abandonando el carácter de disfraz abstracto e inmaterial que sirve de vehículo para los pensamientos y emociones de un ser real; el autor empírico.

El ser ficticio en esa medida deja de ser metáfora y se convierte en un habitante de la humanidad y nos traspasa su carga, tal es la situación del amigo Rodion Romanovich Raskolnikov y Dostoievski. A través de este, personaje y su autor, ambos rusos, ambos nihilistas podemos ejemplificar. Ellos nos hablaron, nos hablan hoy y así seguirán haciéndolo con las futuras generaciones. Ambos coinciden además, en algo mayor que la nacionalidad, lograron escapar del medio y periodo que los vio nacer. Tanto el protagonista como los acompañantes de aquel drama “Crimen y Castigo” (Dunia, Razumijin, Svidriegalov y demases) junto a todas sus problemáticas, desnudan a la humanidad, revelan en su conciencia lo mezquino y mísero así como también lo sublime y esplendoroso de nuestro género.

Y no es sencillo, ya que para conseguir ello, Dostoievski debió sobrepasar muchas etapas y su obra como universo pensante, también debió salir de lo meramente panfletario y gratuito, de lo recursivo y autoreferente y por tanto, evidenciar la magia individual, corresponder a esa ética del autodescubrimiento en soledad y a la vez, lograr la amalgama colectiva, penetrando a la universalidad libre de cualquier atadura: La del genio creador, el peso de su vida, la crítica del momento, la dirección que tiene el periodo con sus necesidades, inquietudes y preferencias y ya superada toda la urdimbre contextual, aun pervivir a la erosión del tiempo y la exigencia que demanda Cronos a sus hijos.

Pero claro, los escépticos que nunca desfallecen dirán, que toda obra consigue eso con mayor o menor fortuna, pero no es así, me atengo a las palabras de Raskolnikov como fundamento de su perennidad y la de su creador, uno que junto a Kafka y todo el resto de perros viejos y duros han llevado a la literatura a su punto mas alto... (Nombremos algunos, Hemingway, D.H Lawrence, ambos Miller, Tolstoi, Celine, Joyce; Beckett)

Con una clara supremacía de la voluntad del poder, el hombre siempre buscará ampliar su ímpetu y destacarse, imponerse ante los otros, esos seres materiales y comunes que sólo sirven para mantener rodando este mundo y preservando el sistema para que luego aparezcan estos tipos especiales de ideas originales destinados por su propia mano a llevar ese mismo sistema y movimiento horizontal, aburrido y monocorde a un nuevo estadio, el ascenso vertical y luego otro descanso para caer en la rutina hasta que se haga insoportable y que por su propio peso, aparezca otro Napoleón de la pluma otro heredero del genio Shakesperiano y nos legue un nuevo Raskolnikov, ese tipo extraño y pálido que se pregunta amoralmente, si el es uno de esos malditos tipos llamados a cambiar todo. En la obra quizá no lo hace, no en principio pues llega a creer que su obstáculo es la anciana a la que mutila con una enorme hacha y no su orgullo limitante y castrador, pero fuera de la obra, otro gallo canta al ex estudiante Petesburgues. Raskolnikov es un superhombre más allá del bien y el mal; destructor del espacio y el tiempo, verdugo de la moral y la civilización, de los códigos y la culpa.

¿Pero es esa ficción de Dostoievski realmente tan poderosa?, Bueno, lo es lo suficiente como para hacernos cuestionar el estado de derecho, los axiomas morales de Kant y de cualquier neoclásico recalcitrante y de trasero apretado, además, tiene de sobra, (pese a su inexistencia) poder de convencimiento como para ser un Nietzsche demente y febril, genio y demoledor de un occidente erigido bajo cánones débiles, esclavizantes y utópicos.

E ahí la grandeza de este personaje capaz de revelar y hacernos cuestionar la mediocridad y en esa medida, anticipar la caída de una cultura excesivamente axiológica e hipócrita, que desfallece inconsecuente en grandes dosis de relativismo libertino y superficial.

En la boca de estos dos rusos, en sus letras se libra una pugna tan antigua como el tiempo mismo, una masacre entre Apolo y Dionisio que no se entienden en lo absoluto pero que deben compartir desfasados un mismo espacio.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: Cinosargo


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Vi a una niña devorar sus intestinos,

llorar el suicidio racional

y rió

mientras seguía comiendo.

A gritos pedía un segundo plato

y el hombre gozaba

alrededor...

Fornicando toda belleza

Extendía sus dedos hacia el sol.

Luego morir fue inevitable.

Y en ese segundo glorioso

la luz se hizo eterna y hostil,

Ante tamaño esplendor

vi el dolor partir mi costado

y quedo en evidencia cuan muerto estoy.

Cucarachas anidaban mi alma

otro hueco cascarón

otra burbuja carcelaria…

en este universo

de prisiones absurdas


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...y las mariposas

arden en vuelo…
mientras,

dos infantes lloran

junto a un quiltro muerto.

y miles de payasos extienden

una colorida palma

sobre rojos campos tristes.

La sangre y fuego,

de una

carnivora civilización.


autor: Daniel Rojas

CARROLLERA VIDEOS




CREACIÓN ORIGINAL: DANIEL ROJAS (CARROLLERA)
IMAGENES: DISTINTAS FUENTES, DOCUMENTALES.
MÚSICA: CASH, AMERICAN RECORDINGS IV "THE MAN COMES AROUND"


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NUT ACE
AQUÍ HAY MÁS, EN CASO DE DESEAR SATISFACER UN POCO LA CURIOSIDAD...


La paradoja.



¿Cuántos segundos encierran las pesadillas y cuántas veces muero en ellos? ¿Cuántas gotas pueden absorber mis poros, antes de volverme una y escurrido fluir por las cañerías? ¿Cuántas canicas puedo meter en un saco de papas y cuánto tiempo aguantarían el azote del suelo? ¿Porqué tan absorto pienso en ello? Y ¿Porqué estúpidas preguntas como estas, recubiertas en innata y sutil violencia, son consideradas estúpidas en primer lugar?.
Tienen menos valor que la cacería del oro negro, el suicidio del dólar y una noche de sinuoso baile y meneos electrónicos marinados en éxtasis, mediocre irresoluta confusión, importados brevajes... Tienen menos trascendencia que el asesinato de algún corrupto congresista, en un convulsionado país y el derrumbe de millones de ladrillos, apilando ciego conformismo y la neurosis plástica de una guerra por fe. (some shit-Daniel Rojas)

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Con sincera convulsión, debo inmiscuirme en la preciosa lucha por una respuesta ¿Acaso ellas no me envuelven en terremotos cerebrales?, Acaso el fluir de su desgracia no acosa mi paz con colores oníricos y excita a la locura tanto como la incertidumbre de una hipócrita realidad, que relativa; a toda costa tratamos de concretizar aprendiéndola en lingüísticos y lógicos envases como: Bien y mal, normal y fenómeno, popular y relegado. Caracterizamos con simpleza y castración esos segundos, minutos y millones de horas que nos pertenecen tanto como la cuota de oxigeno mínima a la que podemos aspirar. Y claro, ambas lo hacen, ambas me destruyen y siempre se trata de la misma maldita razón. Ya sea en el desvarío de mis dudas o ante la irresoluta cadena de hechos que configuran el día a día en que transitamos impávidos... Todo se niega, reprime y sublima. En el choque de sus dimensiones, por miedo al miedo: La convencional y aceptada violencia declara la civilización, encauce y supresión colectiva de la violencia primal. Misma que individual dio origen a la anterior... Por paradoja entonces; me refiero a esa cárcel inherente con que moldeamos nuestros pensamientos y posteriores actos a la expectativa, a lo socialmente aceptado y aceptable. Para no estar solos, para no deleitarnos con el silencio de nuestras cabezas y la creatividad en potencia: "Nos lastima si la dejamos sumida en letargo". Preferimos ahogarnos en ruido, en compañía que tapa nuestra verdad oscura y demente. Sabiéndolo maldigo e increpo a esa estúpida paradoja que nos saca de lo que somos para arrastrarnos a un punto inexistente. Un punto que a su vez juzga el inicio, el propio punto del que surge; propiciándolo con mas fuerza y entereza en aquellos que simplemente no podemos huir de nuestras cabezas. De nosotros mismos...


Autor: Daniel Rojas.

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