A quien le guste...


Esperamos tu comando, la voz asesina, no es difícil odiar la cultura, sentirse perdido en ella, en la ética bella y la castrante estética o es al revés o todas juntas, junto a otros conceptos degradantes de tu voz humana, que prefiere ser un simple ladrido o rebuznar, yo al menos se que quiero rebuznar e irme al barranco de las emociones radicales, pues antes de empezar a escribir este tipo de cosas y pensar otras más complejas, que no se como expresar o que al empezar a hacerlo se distorsionan de la peor manera, volviéndose la imagen burda de un camarógrafo ciego, descubro la desilusión, la masturbante melodía de mi propio ir y venir para vaciarme luego en el papel desintegrado sin gracia y gloria, sin final, sin paraíso, sin catarsis en último caso, y por tanto sin principio, sin referencia para juzgar (¿es necesario juzgar?). Si hubo en verdad un comienzo o la validez del que consideré como tal, ya no lo se y si no sabes por donde empezar, que es todo esto, una tribulación adolescente, arte de primera, romanticismo desbocado o formalismo manierista, ¿existe tal cosa?, bueno dentro del barroquismo puede darse lo que sea y en el peor de los casos, si es que hay tal caso y no todo forma parte del mismo peor caos, venderse a la estructura del elogio, a la arquitectura de la necesaria justificación, es el peor caótico principio del fin o final primero… Mierda, que puedo sacar en limpio, ya nada; todo luce cual cúmulo de opresoras bofetadas a mi lucidez y de pronto me traspongo a una trinchera desértica con rutas alternativas que conducen a un tren que no para y decae donde una vieja decrépita y sobre sus faldas y manoseos intimidantes, escucho su pasado de esplendor como vendedora de casas lujosas en las mejores zonas de occidente; mientras me sirve un té que sabe a negra sanguijuela y todo no es más que una pesadilla que se extiende a lo largo de mis labios y lengua apelmazada con piernas de hombres y mujeres que sudan sobre mi espalda y cadera después de una orgía universitaria. No voy a tomar más los fines de semana y tampoco creo que vuelva a ver a Hemingway con los mismos ojos, su relación con el hijo de puta de Fitzgerald y Zelda en sus primaveras parisienses me revelan el glamour de la generación perdida y no hay nada que deteste más que la elegancia y a un cochino marica que busca la aprobación del resto, mientras su esposa se revuelca con un aviador y el se deleita con su brandy y glorias del pasado centradas en una ficción del modelo de éxito americano… esa es mi conceptualización del hastío, el gran gatsby y el pequeño séquito de pequeñas grandes divas literarias, de genios padres culturales, babélicas mulas ideologizadas, idealizantes que rechazan un modelo para convertirse en la peste que querían limpiar con tenazas mentales y desilusión en forma de genialidad dando la espalda a la cultura reinante a la par que se vuelven dicha reinante cultura, la misma basura de la cual descienden a la que se apegan y atraen con singular fuerza, de la que nunca se despegan y de la cual reniegan siendo parte y de la cual son parte renegando, reniegan en cualquier oportunidad posible para sentirse especiales, se rebelan para ser y ser rebelde es lo mejor según dicen. Patrañas, seré entonces yo una patraña también, un renegado rebelde que reniega y se rebela en contra de esa tropa inmensa, me enferma sentirlo, siquiera considerarlo, sus sueños repletos de atrocidades complejas e inflexiones de grandilocuentes y rupturistas me quema, solo me quedan un par de tipos que respetar y la mayoría son reflejos de mi desidia en forma de poema con un ligero matiz kafkiano y de ruso dostoievski con algo de basura bukowskiana; pero creo que ahí termina todo; por que creo que el resto puede lamerme las bolas, vivos y muertos por igual y si deciden proferir lo mismo con respecto a mi ente viral, siéntanse libres de hacerlo con la única diferencia de que a mi no me importa lo que piensen así como tampoco afirmar: que el turnio Borges y manco Cervantes son unos bastardos prescindibles y que es fácil odiar a los poetas, sus simples dramas y gusto por atraer la atención, la lascivia de miles de ellos me revienta cuando gritan cual juego demente, su supremacía en un arrebatar de patas y manos desesperadas, es una logia inmensa de pequeñas almas, si es que tal cosa (el alma) existe; y la llamo cosa por que somos cosas en este universo de materia inútil con inútiles sentimientos y racionalidades de poetas dioses y un dios poético que inventó Huidobro alcoholizado.…

Esperamos tu comando, la voz asesina…



Autor: Daniel Rojas P

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